OPINIÓN

La falta de criterio sobre el eterno problema del agua

Terminada la anterior legislatura, las expectativas de trabajo en el ámbito de la Ingeniería del Agua se siguen manteniendo altas, a pesar de las incertidumbres lógicas de este periodo de transición. Toda vez que la campaña electoral se muestra prácticamente agotada, llama la atención el poco protagonismo que ha tenido el tema del Agua dentro de la misma, aún cuando es uno de los problemas fundamentales a los que se enfrenta el país. El Agua es, paradójicamente, algo sobre lo que nadie quiere “mojarse” y menos con votos de por medio. El Agua. Ese gran problema nuestro, ese problema eterno, irresoluto, que se propaga por el tiempo y el espacio, heredándose de padres a hijos y de abuelos a nietos. Es curioso, uno de los temas que más preocupan hoy en día y prácticamente se han “secado” las propuestas al respecto.

Nada nuevo bajo el sol y de lo viejo mejor no hablar. Si Parménides y Heráclito contemplaran cómo en manos de nuestros políticos el agua se torna en fuego, quemando a aquel que la toca, bien podrían cambiar su concepción sobre los elementos y la sustancia prima. Y mientras tanto, la llaga de la sequía sigue estigmatizando campos y humedales, y las buenas gentes de Castilla y Levante, de Andalucía y Extremadura, de Cataluña y Galicia siguen mirando al cielo y preguntándose: ¿Qué nos caerá antes del cielo, el agua reparadora o la ocurrencia de un político?. El tiempo lo dirá, pero el tiempo pasa y los problemas siguen allí presentes, inmutables, eternos.

Juan Ojeda

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